Tener o no tener, ¡ésa es la cuestión!

Hay muchos momentos en la vida en los que por “h” o por “b” nos planteamos la posibilidad de tener un animal. Aunque las posibilidades son muchas, en estos casos los reyes suelen ser el perro y el gato. Pero, ¿cómo tomamos la decisión? Como en muchas ocasiones si la pregunta está mal planteada no obtendremos las respuestas que buscamos, ¿o sí? Quizá el problema sea, como siempre la falta de información. Pero ¿y qué papel juega nuestro mundo emocional en todo este proceso? ¿Cómo tomar una decisión racional cuando nuestras emociones juegan un papel tan importante?girl-449769

 

Seamos honestos, en la gran mayoría de los casos ¿cuales son los argumentos para tomar la decisión? Para que me haga compañía, porque es muy mono y puedo achucharlo, porque me va a dar cariño, porque es muy gracioso, por no sentirme solo, porque nunca me va a fallar… En el fondo esperamos de ellos que cubran una necesidad emocional que de otra manera no sabemos cómo cubrir. Claro, que sean pequeños, con ojitos saltones y de pelo suave no ayuda, y si tienen tan solo unos pocos meses ya no hay quien se resista.

 

Mecanismos biológicos aparte, deberíamos ser justos. El planteamiento de “tener” un animal ya implica “uso y disfrute”. Os propongo algo ¿Qué pasaría si cambiamos el verbo tener por compartir? Es decir, dejemos de usar la palabra “tener” cuando nos refiramos a un animal que vive con nosotros en casa. Y empecemos a plantearnos el compartir nuestra vida con ellos. Las implicaciones que conlleva este nuevo planteamiento aumentan de repente. Ya no es sólo: tengo que darle de comer, tengo que llevarle al veterinario, tengo que sacarle de paseo (en el caso de los perros)…. Ahora está implícita la obligación y el deseo de cuidar también psicológica y emocionalmente de él. De procurar lo que esté en nuestra mano para que su calidad de vida sea buena.

Se ha abierto todo un mundo nuevo ante nuestros ojos, pero ¿cómo afrontarlo? Muy fácil, desde el amor. Sí, ya oigo vuestras vocecitas en mi cabeza diciendo: “qué a gusto se ha quedado, se pensará que ha descubierto el mundo…, ¡si yo ya le quiero!” Sí, y jamás lo pondré en duda. Pero hagamos un último ejercicio de sinceridad. Un amor real y sincero requiere de conocimiento. De un conocimiento profundo y real sobre qué es un perro, qué es un gato, y entonces amarlos tal como son. Creedme, ellos son unos auténticos expertos en esto y ya nos quieren tal como somos, porque nos ven así, sin tapujos y sin filtros. Hagamos la prueba, dejemos de convertirlos en pequeños seres humanos y respetemos a los animales tal cual son. Os reto a intentarlo, ya me contaréis.

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